Vae victis

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Un tiempo ha

un rumor recóndito y astuto
fue y recogió las entrañas de la bestia,
constriñó sus fauces, sellándolas
mas a diario sangra por la boca
y me recuerda
que el diablo marcó mi pecho
pues carezco de senos
y ni greñas ya me adornan
aún así devine en mariposa,
me arrodillé al becerro
fui la bestia
y fui el becerro

en matrimonio aliados
él aprestó con ligereza
las reliquias de su próstata
y nos largamos juntos
pues frenó el carrusel,
esta trama me adormece
y la vida aun no me hace ni cosquillas.

[...]

El hombre de bigotes

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Noche cerrada

no hay luz y sin embargo
la masculinidad de las miradas
es un eje sensible al movimiento

el saberse observado ,
adivinar el aliento en la nuca,
mas solo sentir un cascabel marcar sus pasos

El haber prescindido
de las sutilezas de la carne
de las delicias del embuste
y aun su raso mirar engulle
la fría trastienda de lo terreno
y va más allá, cava mas hondo
traspasa la dermis

franquea las carnes,
mas al a penas pasa por mi lado
crea la distancia necesaria
para un gemido o un destello

Ahora me sienta en su regazo
juega con mis muslos
soy invisible
y aun conservando la inmovilidad
y la noche cerrada
sentir desde el otro extremo de la habitación
la mirada de un hombre de bigotes

[...]

El síndrome occidental

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un siseo cómplice,
una estéril vacilación,
acaso el destete y los primeros pasos

una campanada más y será medianoche

de repente la ansiedad borrascosa
el enojoso maullar
de un cuerpo sobrecargado
que me arroja al suelo

el rojo nunca antes fue tan rojo
ni las faldas jamás desearon tanto ser mortaja

y el envenenamiento se sacudió de su envenenado..

y naturalizó nuestro delito
el goce atávico,
el temblor que guió desde lo profundo
las capas estáticas

y manchó la histeria de rubor
el pecho
el lagrimón del estupro,
ya no consuelo,
es ahora síntoma cruel del síndrome occidental

[...]

Coito Interruptus

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en la medianía de la razón relegada
no dejé nada que confirmase
su absoluta potestad sobre mis movimientos
ni olvidé interiores sobre el parqué amoratado
de tan infantil arrogancia



¿De qué forma pudo mantener inmóvil,
cautiva y sin esperanza
la letal fiereza de mi sexo ?
y, en aserrín,
en útil entelequia de carne
pudo trocar sin esfuerzo
evitando asi las fugas
con las garantías de su estirpe



Socorriendo las horas que restan
un boquete de luz
de su púber santidad en prisas,
carnaval de señales inconexas,
un dejarse acariciar
por las manos que le hambrían,
un vaivén profundo
que de pronto se interrumpe

[...]

La hora del lobo

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Esta es la hora del lobo
cuando siento vergüenza de mis manos
y la carne tiembla agazapada

Este es el día de las obras
donde, al sonido de los azadones
entrando en la tierra,
bailan los signos y los símbolos

es aquí donde han arribado todos los zarpazos
y las escaleras solo descienden
hacia un corazón que se abre
y seca sus humores al sol y al olvido

He tomado de todas mis muertes
un jirón de mortaja
que levante el apetito,
una gota de sudor de la hendidura
que desquite el devaneo
y aquí estoy,
mi barca, aunque venida a menos
partió hace tiempo
¿y a quien le importa
haberse quedado en la otra orilla?

[...]

El viaje

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yema sibilina
tremebunda
peregrina por la biología insectaria
de sus formas
pasajera en la retórica sensual
de las trampas de su cinturón
deliberadamente mal atado
tú que ignoras, alocada,
las lenguas tras su nuca
y en el maquinal desborde
de tu mal esmaltado dorso
te dejas llevar...
y de las fisuras de la virilidad
como un soplo o una mancha
escapa el delirio, la sospecha.

[...]

Juego de manos

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observe atento el juego de manos
el saboreo de la temporalidad ajena,
la sangría de las horas auto inducida

las hijas del viento se llamaron mortalidad
y las laceramos

huida rectal
de todas las cavilaciones
podrían suplirse las caricias siamesas
esquivar las redundancias
la dulzura del sexo necrosado
pequeñas argucias de las que
ningún papel de arroz fue sostén

entonces no seria un riesgo
su nombre mudaria con las estaciones
y las hijas del viento habrian muerto en vano

[...]